domingo, 24 de septiembre de 2017

Las Normas de Comportamiento


"Implantar pautas de convivencia en el aula de Educación Infantil facilita al niño/a la integración en su entorno y en la sociedad"

 En todos los grupos sociales existen normas y reglas que facilitan la convivencia, ya que de no ser así la vida entre varias personas con distintos intereses, ideas… sería difícil de llevar, sobre todo cuando deben respetarse los derechos y deberes que cada uno tiene.


       La escuela, como institución educativa, es una formación social en dos sentidos: está formada a partir de la sociedad y a la vez expresa a la sociedad. Por ello, una de las funciones docentes es la de gobernar y gestionar el aula estableciendo límites, que en la etapa de Educación Infantil deben ser especialmente claros y concisos por las características inherentes a estas edades.
Así, las normas ayudarán al niño a que pueda saber qué se espera de él, o hasta dónde puede llegar en su comportamiento. De esta manera el niño en todo momento podrá saber cómo y cuándo debe hacer una cosa, además de empezar a reconocer entre lo que está permitido y lo que no.
    Asimismo, estos límites permitirán a los niños actuar con confianza ya que conocen qué comportamientos son adecuados, les proporcionan seguridad y evitan la aparición de conflictos, fomentando 
valores como el respeto, la tolerancia y la responsabilidad, que sienten la base de su personalidad adulta.
     Es por ello que en Educación Infantil debemos empezar a trabajar una serie de normas que permitan al niño su integración en la sociedad, entre las que destacan las relacionadas con:
  • La interacción social (saludar, despedirse, dar las gracias, pedir las cosas por favor, escuchar, pedir perdón…).
  • La higiene (taparse la boca al toser o estornudar, sonarse bien la nariz, ir al baño solos, lavarse y secarse las manos…).
  • El orden (ordenar sus pertenencias, recoger los juguetes y material de trabajo, tirar los papeles a la papelera…).
  • El trabajo personal (hojas sin arrugar, trabajos limpios, no molestar al compañero…).
  • Las relaciones con los demás (respetar a los compañeros y al profesor, compartir, no pegarse ni discutir, respetar las normas de los juegos…). 
Todo ello enmarcado en un ambiente lúdico y de confianza, en el que todos los miembros del aula las asuman como propias.


Estrategias

Para ello, podemos utilizar una serie de estrategias que permitan la interiorización de dichas normas:
  1. Consensuar las normas de acuerdo con los niños/as: todos los miembros toman conciencia de las ventajas e inconvenientes de su cumplimiento.
  2. Establecer las mínimas reglas negativas, destacando las positivas.
  3. Buscar siempre una buena razón para cada norma.
  4. Siempre que aparezca un problema, aplicar o intentar crear una regla que ayude a solucionarlo, implicando activamente al niño en la búsqueda de la regla o norma que lo solucionaría.
  5. No establecer demasiadas normas.
  6. Crear un código que facilite la extinción de las conductas inadecuadas (contar hasta tres, mirarles fijamente…).
  7. Acompañar cada norma con una imagen que la represente para que sea comprensible para los niños.
  8. Utilizar un lenguaje sencillo y adaptado a las capacidades de los niños/as.
  9. Prestar atención cuando realice las conductas deseadas (refuerzo) y en caso contrario retirársela.
  10. Ser coherentes entre lo que se exige al niño/a y lo que nosotros hacemos.
Consecuencias

      Debemos tener muy claro que los niños/as aprenden de la experiencia. Si su comportamiento no se ajusta a las normas establecidas, aparecerán una serie de consecuencias, y aprenderán que ellos/as pueden modificar dichas consecuencias modificando su comportamiento.
A modo de ejemplo, algunas consecuencias podrían ser:
  • Tiempo fuera: sacar al niño/a de la situación en la que se encuentre cuando realiza la conducta que deseamos suprimir. 
  • Cambio del contexto estimular: cambiar la ubicación del alumno/a hasta que finalice la   conducta inapropiada. Puede ser sentarle al lado del docente, cambiarle de compañeros…
  • Pérdida de reforzador positivo: quitar, como consecuencia de la conducta, algo que gusta al niño/a. Por ejemplo,  no podría utilizar el rincón de juegos o no podría usar el arenero. O se limitaría el tiempo que puede estar en cada uno de los rincones del aula o en el patio.
  • Sobrecorrección: corregir los defectos de la conducta inapropiada. Así, si un niño/a tira comida en la mesa, se le pedirá limpiarla completamente.
Podemos concluir destacando que las normas ayudan a la construcción de ambientes seguros y estables para los niños y las niñas, un factor imprescindible en estas edades. Éstos/as, por sus características, necesitan saber a qué atenerse, cuáles son sus posibilidades y sus límites. Estableciendo unas normas claras en el aula contribuiremos a sentar las bases de la personalidad de nuestros alumnos/as.

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